Con toda la vehemencia de un ser que ama, extendí mis brazos y te envolví entre suaves caricias de ternura y pasión. Mas tu tersa piel gimió de dolor y exclamar te oí, voy a pedirte que no vuelvas más. Me aparte un segundo de ti para contemplarte, solo para descubrir que mis brazos son las ramas espinosas del rosal, que aunque desprenda el perfume mas fragante y cautivador con el que te viste absorta, solo herirte podre.
Voy a pedirte que no vuelvas más, suplica de un corazón herido ausente de amor, con el corazón gélido por el tiempo de espera del calor la felicidad que nunca llegó, pues el frio despiadado y viento implacable son mis elementos que resquebrajaron tu corazón tierno y te condenaran a la ausencia del calor del amor que el invierno no puede dar.
Eh tomado vuelo y surcando entre las altas montañas de la soledad, ya casi sin aliento, apenas oigo la débil suplica de tu triste voz, voy a pedirte que no vuelvas mas, y un relámpago en la oscuridad de esa noche tormentosa de mi partida, ilumino tu hermoso rostro, para cual ultima dadiva de los cielos me permitieran admirarte para despedirme y perderme en la soledad de tu ausencia.