Érase una vez que en un hermoso valle regado por un turbio rio, rodeado de majestuosas montañas, donde el aroma a tierra mojada y fragantes flores que emergían airosas del suave césped, vivía la doncella más bella, su tierna sonrisa iluminada y alegraba la vida de quienes la conocían, no se cansaba de ayudar a la gente y expresar su amor incondicional a los animales, los animales la rodeaban esperanzados de recibir una caricia suya, las personas la admiraban y la amaban, no había vivido en estas tierras doncella tan buena y hermosa, era el orgullo de pueblo, propios y extraños se maravillaban de su infatigable amor, sus suaves manos cuantas veces había curado a animales indefensos que habían sufrido daño alguno, cuantos seres indefensos habían sido socorridos, aun brindándoles lo único te tenia, no había en el valle y tierras circunvecinas una doncella como ella, no era de extrañar que su fama había llegado más allá de los confines de su tierra y emergían de vez en cuando apuestos galantes que pretendían conquistarla, pero sin éxito alguno ya que su tierno corazón estaba reservado para el hombre que como ella siguiera sus mismo ideales.
Pero una noche de invierno camino a casa, de pronto se apareció si dar previo aviso un hombre que se interpuso en su trayecto, impidiéndole el paso pues su corcel de plata se había cruzado delante, ella con los ojos sumamente abierto quedo anonadada e inmóvil y entonces el habló -tenía una pícara sonrisa que le llamó la atención- y éste se brindó acompañarla, más ella se negó a subir a su corcel pues era impropio, entonces él se bajó de éste y le ofreció acompañarla, al principio ella se negó, pero su galante voz y sus palabras lisonjeras convencieron a la joven, todo el trayecto conversaron gratamente, ¿de dónde había salido este Señor? Su voz grave y su blanca sonrisa habían logrado despertar en ella lo que jamás los apuestos caballeros que le pretendían habían logrado.
Con el pasar de los días tuvieron tardes hermosas y noches en vela con conversaciones que nunca terminaban, por primera vez ella sintió como latía su corazón cada vez que le veía, al sentir sus fuertes brazos que la rodeaban sus pelos se erizaban y su voz menguaba. En adelante no hacía más que pensar en él, se había vuelto el centro de su vida, sus sueños giraban en torno a él.
Hubo sin embargo en el pueblo mucha gente que trató sin éxito de disuadirla, le dijeron que él no era para ella, que éste no era más que la bestia del bosque oscuro que había vertido en ella sus más lúgubres encantos para que ella le viera como el hombre de su vida, pero que por las noches al menguar el día, perdía sus encantos que ella amaba.
Efectivamente llegada la noche el ser con la bella sonrisa y galante proceder, al quitarse la capa azul marino que siempre llevaba consigo desde la noche que se conocieron, los dientes antes blancos y hermosos se tornaban en grandes colmillos, su suave voz en un rugido feroz, su carácter apacible en un despiadado ser cuyo rugido hería el bosque.
Una noche sin quererlo ella pasó frente a la puerta de su alcoba, se encontraba entre abierta y quedo pasmada ante semejante escena, el hombre esbelto se transformó en un horrible monstruo y enseguida vino a su mente todas las cosas que su corazón cautivado por en enceguecido amor no podía ver, pero el encanto se había ido, él estaba sin su capa y ella podía ver con claridad, y recordó.
Ella tiempo atrás le había advertido con esos labios para el tan puros que ella no era una bella doncella como la gente la veía, que su pasado era oscuro y sin esperanza, que su pasado le traería consecuencias que esto le impediría llevar con éxito su matrimonio, que no tenía las fuerzas para lidiar con ello, que tal vez no merecía continuar viviendo, que él jamás le perdonaría su pasado y que por ello él la odiaría -aunque a él no le importaba el pasado-
Y aunque a él no le importaba su pasado, el solo hecho de estar a su lado, ya libre del encanto, podía ver con claridad, no es el hombre que creía -pensó-, nunca la llevaría al altar, jamás cumpliría sus sueños, el siempre será el monstruo que todos veían en él menos ella.
Todavía ahí de pie a la puerta de su alcoba atónita por semejante escena, cuando él se dio la vuelta repentinamente y la vio, inmediatamente tomo su capa azul marino y se la colocó, más el hechizo ya no causaba efecto, ella le había visto en su estado natural y ya nunca más tendría efecto el hechizo.
Al verse descubierto trato de retenerla, y le rogó perdón, perdón mil veces perdón, es verdad, cuando te conocí no sentía lo que hoy, pero te amo, hiciste nacer en mi duro corazón ese sentimiento que durante muchos años de mi vida no había conocido le dijo, más ella no ella ya no le creyó.
La había tenido cautiva durante largos ocho años y la mantuvo presa de un engaño, al fin se me cayeron las vendas de los ojos y puedo ver la realidad se decía así misma. ¿Cómo no pude ver la verdad? se preguntaba mientras se nublaban sus ojos y golpeaba duramente el muro.
Ya ajeno al hechizo el monstruo dejo caer la capa azul ya que con ella o sin la capa no podía cambiar su figura, de su rostro seco y tosco la mirada de sus ojos rojos y fríos ahora estaban bañados por grandes borbotones de lágrimas, perdón, perdón gemía como una fiera herida.
Mas ya era tarde la bella doncella antes cegada por semejante hechizo ahora era libre, por fin podía vislumbrar un futuro prometedor, las cadenas de ocho años de encanto había terminado, no importaba lo que él dijera, ni los ruegos ni amenazas podrían ahora doblegarla, era libre, libre.
El sol volvió a salir, se había alejado del lúgubre bosque encantado, y dejado atrás todo lo que le tuvo sujeta durante ocho largos años, el aroma a flores, la grana suave bajo sus pies, la brisa apacible del valle, el resplandor del sol por las mañanas, los bellos atardeceres sobre las montañas, todo había vuelto, él ya no estaba en su vida.
31 oct 2018