Tiempo

Las flores mas hermosas yacen en su ruina tras un tiempo,

Las estrellas mas brillantes yacen en su ruina tras un tiempo,

Las personas mas afables yacen en su ruina tras un tiempo,

El amor mas romántico yace en su ruina tras un tiempo,

El amor mas puro emanado tras haberte conocido, que inducido por tu carácter, cautivado por tu belleza, fortalecido por tus caricias y alimentado por tus palabras, algún día mi ser expresará, que yace en la ruina.

La esperanza renace tras un tiempo, tras la amarga soledad de compañera

Las lagrimas que bañan mis mejillas, tras un tiempo, enjugadas serán por la resignación.

Las heridas abiertas de mi corazón traicionado viviendo en agonía desmesurada, sanarán tras tras algún tiempo.

Volverá a brillar el sol airoso en en el firmamento,

Volverá la blancura de las nubes engalanar el cielo azul.

Volverá la quietud en las aguas del mar embravecido,

Volverá a germinar las flores mas hermosas,

Volverá el canto de esperanza de las aves, trinos de amor y esperanza,

Volverá a renacer el mundo con el nacimiento de niños inocentes,

Volverá, volverá un día a sentir mi corazón el amor perdido.

Desencanto

Érase una vez que en un hermoso valle regado por un turbio rio, rodeado de majestuosas montañas, donde el aroma a  tierra mojada y fragantes flores  que emergían airosas del suave césped, vivía la doncella más bella, su tierna sonrisa iluminada y alegraba la vida de quienes la conocían, no se cansaba de ayudar a la gente y expresar su amor incondicional a los animales, los animales la rodeaban esperanzados de recibir una caricia suya, las personas la admiraban y la amaban, no había vivido en estas tierras doncella tan buena y hermosa, era el orgullo de pueblo, propios y extraños se maravillaban de su infatigable amor, sus suaves manos cuantas veces había curado a animales indefensos que habían sufrido daño alguno, cuantos seres indefensos habían sido socorridos, aun brindándoles lo único te tenia, no había en el valle y tierras circunvecinas una doncella como ella, no era de extrañar que su fama había llegado más allá de los confines de su tierra y emergían de vez en cuando apuestos galantes que pretendían conquistarla, pero sin éxito alguno ya que su tierno corazón estaba reservado para el hombre que como ella siguiera sus mismo ideales.

Pero una noche de invierno camino a casa, de pronto se apareció si dar previo aviso un hombre que se interpuso en su trayecto, impidiéndole el paso pues su corcel de plata se había cruzado delante, ella con los ojos sumamente abierto quedo anonadada e inmóvil y entonces el habló -tenía una  pícara sonrisa que le llamó la atención- y éste se brindó acompañarla, más ella se negó a subir a su corcel pues era impropio, entonces él se bajó de éste y le ofreció acompañarla, al principio ella se negó, pero su galante voz y sus palabras lisonjeras convencieron a la joven, todo el trayecto conversaron gratamente, ¿de dónde había salido este Señor? Su voz grave y su blanca sonrisa habían logrado despertar en ella lo que jamás los apuestos caballeros que le pretendían habían logrado.

Con el pasar de los días  tuvieron tardes hermosas y noches en vela con conversaciones que nunca terminaban, por primera vez ella sintió como latía su corazón cada vez que le veía, al sentir sus fuertes brazos que la rodeaban sus pelos se erizaban y su voz menguaba. En adelante no hacía más que pensar en él, se había vuelto el centro de su vida, sus sueños giraban en torno a él.

Hubo sin embargo en el pueblo mucha gente que trató sin éxito de disuadirla,  le dijeron que él no era para ella, que éste no era más que la bestia del bosque oscuro que había vertido en ella sus más lúgubres  encantos para que ella le viera como el hombre de su vida, pero que por las noches al menguar el día, perdía sus encantos que ella amaba.

Efectivamente llegada la noche el ser con la bella sonrisa y galante proceder, al quitarse la capa azul marino que siempre llevaba consigo desde la noche que se conocieron, los dientes antes blancos y hermosos se tornaban en grandes colmillos, su suave voz en un rugido feroz, su carácter apacible en un despiadado ser cuyo rugido hería el bosque.

Una noche sin quererlo ella pasó frente a la puerta de su alcoba, se encontraba entre abierta y quedo pasmada ante semejante escena, el hombre esbelto se transformó en un horrible monstruo y enseguida vino a su mente todas las cosas que su corazón cautivado por en enceguecido amor no podía ver, pero el encanto se había ido, él estaba sin su capa y ella podía ver con claridad, y recordó.

Ella tiempo atrás le había advertido con esos labios para el tan puros que ella no era una bella doncella como la gente la veía,  que su pasado era oscuro y sin esperanza, que su pasado le traería consecuencias que esto le impediría llevar con éxito su matrimonio, que no tenía las fuerzas para lidiar con ello, que tal vez no merecía continuar viviendo, que él jamás le perdonaría su pasado y que por ello él la odiaría -aunque a él no le importaba el pasado-

Y aunque a él no le importaba su pasado, el solo hecho de estar a su lado, ya libre del encanto, podía ver con claridad, no es el hombre que creía -pensó-, nunca la llevaría al altar, jamás cumpliría sus sueños, el siempre será el monstruo que todos veían en él menos ella.

Todavía ahí de pie a la puerta de su alcoba atónita por semejante escena, cuando él se dio la vuelta repentinamente y la vio, inmediatamente tomo su capa azul marino y se la colocó, más el hechizo ya no causaba efecto, ella le había visto en su estado natural y ya nunca más tendría efecto el hechizo.

Al verse descubierto trato de retenerla, y le rogó perdón, perdón mil veces perdón, es verdad, cuando te conocí no sentía lo que hoy, pero te amo, hiciste nacer en mi duro corazón ese sentimiento que durante muchos años de mi vida no había conocido le dijo, más ella no ella ya no le creyó.

La había tenido cautiva durante largos ocho años y la mantuvo presa de un engaño, al fin se me cayeron las vendas de los ojos y puedo ver la realidad se decía así misma. ¿Cómo no pude ver la verdad? se preguntaba mientras se nublaban sus ojos y golpeaba duramente el muro.

Ya ajeno al hechizo el monstruo dejo caer la capa azul ya que con ella o sin la capa no podía cambiar su figura, de su rostro seco y tosco la mirada de sus ojos rojos y fríos ahora estaban bañados por  grandes borbotones de lágrimas, perdón, perdón gemía como una fiera herida.

Mas ya era tarde la bella doncella antes cegada por semejante hechizo ahora era libre, por fin podía vislumbrar un futuro prometedor, las cadenas de ocho años de encanto había terminado, no importaba lo que él dijera, ni los ruegos ni amenazas podrían ahora doblegarla, era libre, libre.

El sol volvió a salir, se había alejado del lúgubre bosque encantado, y dejado atrás todo lo que le tuvo sujeta durante ocho largos años, el aroma a flores, la grana suave bajo sus pies, la brisa apacible del valle, el resplandor del sol por las mañanas, los bellos atardeceres sobre las montañas, todo había vuelto, él ya no estaba en su vida.

31 oct 2018

Melancolía

Una noche fría a comienzos del invierno, pasaba yo por la ruta de siempre, absorto en mis pensamientos y sumido en mi vida llena de preocupaciones y escollos que el destino me había puesto.
Y de repente la vi pasar entre mis ojos «sola y hermosa» en esas calles casi desiertas -pensé en voz alta- y como si se tratara de un deja vu, disminuí la velocidad del coche y por unos instantes más la contemple por el retrovisor, y como si alguien me susurrara en el oído, obediente vire el coche y retorne para cerrarle el paso, le propuse acompañarla. No gracias fue su respuesta pero era tarde, había quedado cautivo por su belleza y concebido en mi corazón había el jamás para mi conocido sentimiento de amor puro.


Día a tras día pasaba yo por su casa y la esperaba bajo la sombra del árbol de sauce a quien en las horas de espera le contaba lo feliz que era a su lado, la amo tanto le decía y ella también me ama y casi podía oírle decir te entiendo y te envidio, soy yo quien te envidiaba replicaba, desearía ocupar tu lugar para estar siempre aquí para poder contemplarla cada día y esperar en las noches su retorno, sabiendo que nadie podría moverme de tan apreciado sitial.


Ha pasado mucho tiempo ella se fue, o mejor dicho dejo de amarme, otro ser anida ahora su corazón, no a pasado un día sin que oculto entre las ramas largas y frondosas y del enorme tronco del sauce que la contemplo sin poder hablarle.
Ya no la veo pero puedo sentir en mi corazón la tristeza del sauce que me acompañó en mis días de soledad y derramar lágrimas de melancolía tras el perdido amor.
Dicen que esta viejo encorvado que sus ramas se arrastran por el suelo con los impetuosos vientos y casi se escucha llorar en las oscuras y frías del invierno.

Fotos amarillentas

Lo que un día fue felicidad y alegría, hoy tornase en amargura y desolación, los coloridos días que pasamos juntos, hoy son vagos recuerdos amarillentos opacados por el tiempo, que parcamente aún conserva mi mente en un recóndito y empolvado baúl.

Un día, no se hace cuanto decidiste dejarme, por mucho tiempo anduve tras tus pasos, recogiendo las migajas que de cuando en cuánto solías dejar, hasta aquel día en que te perdí de vista, pues mis ojos enrojecidos y nublados por las lagrimas de desesperanza no pudieron seguir tus pasos y tu difusa imagen fue desvaneciéndose ante el dolor de mi corazón.

Quien sabe cuando y no quiero recordar, mis tímpanos retumbaron por la estruendosa frase vertida por tus hermosos labios “ya olvídate de mi, no pienses en mi” y algo se rompió en mis adentros que me estremeció hasta el alma misma y mi sangrante corazón agitado gimió de dolor.

Ya no viviré de fotos amarillentas, los hermosos recuerdos plasmados en hermosas y coloridas fotografías, ahora amarillas por el paso del tiempo y ajadas por el dolor, fueron devoradas por las llamas de la soledad y el abandono, no fue fácil tirarlas al fuego, como si este no solo las consumiera y convirtiera en cenizas sino que las quitara de mi mente y sanara mi corazón.

Ya no viviré de fotos amarillentas y descoloridas por tu desamor…

Bouquet

El bouquet con las últimas rosas que con todo amor las prepare, llevaban ciento sesenta y siete espinas, que en repetidas ocasiones se clavaron en las yemas de mis dedos índice y pulgar , no sabes como duele, cual tu rechazo al amor que te ofrezco.

Más tu indiferencia duele más que ellas, cada mensaje no respondido, cada respuesta con un emoticón a una larga y detallada expresión de amor, escrita con sumo cuidado, y tratando casi de sonar en verso.

Arranque las hojas de la parte baja de los tallos, con la intensión de que te resultara cómodo para tomarlas con tus pequeñas y suaves manos. Así como arrancaste de tu corazón los más puros sentimientos de amor que te expresara aquellos bellos días cuando aún me amabas.

Corte los tallos luego de acomodar las rosas unas junto a otras y conservarán la altura adecuada para que todas fueran expuestas a tu vista, y para que puedas sentir el aroma de cada una de ellas como solías hacerlo y besarlas suavemente. Así había preparado el ambiente para que te sintieras cómoda y disfrutaras del amor que quería compartir a lado tuyo, más lo rechazaste.

Puse los tallos dentro una bolsa de plástico con algo de agua para que se conserven por más tiempo, y cubrí delicadamente con papel de arroz para luego atarlas con una hermosa pero fuerte cinta. Más nada de lo que yo pudiera hacer cambiaría tus sentimientos, habías dejado de amarme y se había ya marchitado el otrora amor que sentías por mi

Olvídate de mi

Cual un cachorro herido , en cuya herida abierta, presionaras para causar dolor-me dijiste- «Yo no quiero un espacio contigo», cuando no existe en este mundo un solo lugar donde no te lleve dentro de mi corazón.

«Mucho menos vivir con alguien que pueda matarme», palabras muy duras de la persona que más amo en esta vida y que con el mayor de los placeres entregaría mi propia vida por ti, y que en mi ser no existe la más remota posibilidad de causarte daño alguno, antes me quito la vida.

«No quiero absolutamente nada contigo», ¿a donde fue a parar el amor que solías decirme sentías por mi?, ¿a donde fue a parar los planes que decías tener a mi lado? , ¿y que querías compartir tu vida conmigo?.

«Ya olvídate de mi, ya no pienses en mi», como si el decirlo arrancara de mi corazón el amor que siento por ti y quitara de mi mente los bellos recuerdos de amor almacenados durante tantos años.

Debes saber que , el que ya no me ames, el que sientas odio por mi y me hayas sacado de tu mente y tu corazón, no significa que con esas palabras tan hirientes puedas lograr que deje de sentir lo que siento por ti.

Pero con todo el dolor que tengo en mi corazón y que me esta matando lentamente y de cuyo dolor pareces disfrutar. No haré lo que me pides -por lo menos en parte- no puedo dejar de pensar en ti , no podré olvidarte y menos dejar de amarte, pero si saldré de tu vida para dejar que seas feliz, pues te amo y lo que mas quiero en esta vida es verte feliz, aunque no sea a mi lado.

Esta herida sangrante que infligiste en mi ser no sanará jamás, pero no serás testigo de mi extinción ni mi agonía, pues lejos de ti estaré y lo ultimo que recordarás de mi serán estas palabras sinceras, carentes de toda mezquindad y revestidas de verdad y franqueza: TE AMO y SIEMPRE TE AMARÉ.

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