Algo bueno debí haber hecho en la otra vida, para merecer la dicha de conocerte y recorrer juntos por los senderos del romance y la pasión, munidos de la fragante dicha de la felicidad que nos transportaba al edén.
Algo bueno debí haber hecho en la otra vida, para que germinará en mi estéril corazón el más puro sentimiento de amor, al ser acariciado por la humedad de tus carnosos labios.
Algo bueno debí haber hecho en la otra vida, para que mi monótona vida que transitaba sin rumbo por lo parajes lúgubre de su existencia, hallara sentido iluminada por tu contagiosa sonrisa que evocaba felicidad y dicha.
Algo bueno debí haber hecho en la otra vida, para ser digno de acariciar tus ondulados cabellos azabache para sentir el aroma a romero y jazmín, que me transportaban a los jardines del deleite y la felicidad.
Algo bueno debí haber hecho en la otra vida, para que mis toscas manos se transformaran cual suaves alas de ángeles al contacto con tu delicada y tersa piel.
Me voy amor, si tu destino nos separó, nuestros caminos que paralelos recorrían amándose, hoy divergentes se despiden con nostalgia.
Me voy amor, mis anhelos de tenerte para siempre entre mis brazos suben cual humo de la hoguera de la pasión ya caí extinta, grisáceos danzando al ritmo de la brisa que las disipa para desaparecer en el vasto cielo.
Me voy amor, como las aguas del turbio río no vuelven más arrastrando consigo los bellos recuerdos de un idilio que ahogado por la indiferencia es arrastrado al mar de tu ausencia.
Me voy amor, cual el canto ahogado del ruiseñor, agobiado peso por el peso cruel de la soledad se niega a cantar a su amada.
Me voy amor, y aunque mi voz ahogada de dolor te nombre, quizá puedas impedir nuestra separación, yaces muda cautivada por tu desamor. Me voy amor, el valle hermoso que nos cobijó, testigo mudo de nuestro amor hoy ya se distante.
Me voy amor, ya no vuelven a nuestro lago, las bandadas de tus alegres sonrisas en los días frescos de la pasión.
Todas las mañanas tras tu partida llego temprano al trabajo para seguir un protocolo que he adoptado desde tu ausencia.
Esperando nadie pueda advertirlo me siento en tu antes espacio de trabajo, con disimulo he acariciado tu escritorio, quizá pueda sentir la suavidad de tus manos.
Recostado en tu silla cierro los ojos y trato de imaginarte observándome, quizá pueda sentir lo que sentías al verme tan cerca de ti.
Abro los cajones de tu escritorio quizá pueda hallar algo que me acerque a ti, contorneo con la yema de mis dedos los papeles que lleva la escritura dibujada por tus delicadas manos.
¿Por qué te sientas tanto en esa silla y abres y cierras esos cajones?, me interpeló nuestra antes común amiga y compañera de trabajo, no supe que decir, solo respondí, no lo se.
Cuanta ganas tuve de decirle que te extraño, extraño verte sentada en ese escritorio, coordinar nuestras salidas a realizar las faenas del trabajo.
Y se me vino a la memoria cuando me dijiste, cuantas ganas tuve de correr a tus brazos y abrazarte, al oír que dijiste estabas triste, y que tenias un nudo en la garganta, y al relatar esto dejaste caer un par de lágrimas, por ello sé que no solo soy yo quien te extraña.
Siento miedo, pues mis ojos no alcanzan a divisar tu encantador y frágil rostro, una fría niebla de olvido cubre tus facciones, que otrora podría describir cada rasgo de tu bello semblante con lujo de detalles.
Siento miedo, pues el ruido de la distancia ha ingerido el timbre de tu melodiosa voz con el bullicio de las agitadas y estruendosas voces del desdén, no la puedo distinguir, voz otrora inconfundible para mis oídos.
Siento miedo, pues impávido ante tu ausencia, mi mente no te escudriña ni en sus más accesibles memorias, cuando otrora eras la actriz principal en el teatro de mis pensamientos.
Siento miedo, pues mi cuerpo no se estremece de emoción al pronunciar tu nombre, que otrora se estremecía de pasión cual poder fascinante.
El inmenso mar de amor abrió se ante mis ojos, anduve con paso firme por el sendero revestido de baldosas de felicidad, que con cada paso que daba se apoderaba de mi ser un inmenso sentimiento del mas puro amor jamás conocido.
Ante mis ojos se abrió cual una sublime invitación el portal de tu corazón, una luz refulgente iluminó mi rostro que emanaba de sus adentros, y pude sentir el calor que me abrigó ahuyentando la frialdad de la soledad, al sentir esta sensación mi rostro empezó a dibujar una franca y hermosa sonrisa.
Una suave melodía acaricio mis oídos y deleito mi alma, con el timbre de voz más hermoso jamás antes oído, te escuché pronunciar mi nombre, seguido por las palabras más dulces jamás vertidas, Te amo, vida te amo.
Mucho tiempo había transcurrido desde la ultima vez que el timbre de tu voz había acariciado mis oídos y deleitado mi ser.
Al oír el llamado del celular, lo tomé para divisar en la pantalla tu fotografía, mientras insistente timbraba, quedé anonadado, me puse tan nervioso por tu llamada que solo alcance a decir, hola buenos días.
Tu voz, suave cual caricia de una madre a un infante,
Tu voz, dulce cual el canto de las aves que evocan esperanza.
Tu voz, apacible cual el canto angelical en el mundo celeste,
Tu voz, que estremece de emoción indescriptible mi corazón amante.
Tu voz, refrescante cual las aguas de manantial de un osáis,
No se que dije, solo sé que un escalofrió de felicidad apodero se de mi cuerpo, mi voz temblaba de emoción –seguramente lo notaste- fue tan corta la conversación, pero tan larga pasión que aun siento en mi pecho los latidos de felicidad.
Hacia más de dos décadas que arribe a este bello valle, quede prendado por sus majestuosas montañas, que, revestidas por un manto verdusco, se yerguen airosas, sus picos más altos revestidos de nieve en el invierno que enceguece al incauto vidente, hilos de plata se descorren regando el hermoso valle.
Espejos de agua reflejan el hermoso firmamento, cielo azul matizado por hermosas nubes blancas, e iluminadas por un brillante sol que atempera el ambiente, creado el clima mas agradable que se puede disfrutar, recorre abriéndose paso un turbio rio que alimenta en su rivera a las flores mas bellas de este valle.
Hasta que te conocí, solo un paisaje hermoso del que mis ojos podían deleitarse, tu espíritu de aventura despertó en mi el deseo de disfrutar de estas bellezas y no solo con los ojos a lo lejos, recorrimos parajes encantadores, aprendí a ver con tus ojos la belleza de los paisajes, descubrí hermosura en cosas simples como rocas extrañas, formas peculiares de ramas y raíces secas, formas y colores en las montañas.
Descubrí como fluye la adrenalina en mi cuerpo recorriendo lugares que despiertan emociones no conocidas hasta ahora producidas por las experiencias vividas al contacto con la naturaleza.
Una flecha ardiente clavase en mi pecho, la puntiaguda saeta revestida del veneno de la traición, penetro en mi corazón rompiendo cada fibra que impactó, su ponzoña ahora recorre por mis venas paralizando cada músculo.
Mientras mi cuerpo ahora inerte se precipita a su ruina, aun puedo verte con el brazo extendido sosteniendo el arco que lanzara la fecha de mi muerte, puedo divisar tu piel morena, tus ondulados cabellos negros que se mesen al ritmo del del viento.
No puedo controlar mi cuerpo para extender mis alas y planear por lo aires y evitar una estruendosa caída, se apoderó de mi el pánico, me siento más solo que nunca, abandonado estoy de tu amor, ajenas tus otrora caricias que me daban vida.
Recorren por mi mente los tan lejanos días en los que podía oír tu duce voz expresándome el ya extinto sentimiento de amor, cuando mis brazos rodeaban tu delgada cintura, para sentir la fragancia de tu piel y bañarte de besos que nos sumergían el el paraíso de los enamorados.
Los golpes del aire frío en mi rostro me devuelven a la realidad, voy cayendo precipitadamente a tierra mientras sin control doy girones en el aire, no hay nada que detenga esta amargura, retiraste de mi ser lo mas preciado, tu amor que era mi vida, que solía recorrer por cada vena de mi cuerpo y me daba la vida.
Ni el aire frio que golpea mi ser logra apagar el fuego encendido por la flecha ardiente que clavaste en mis adentros, el antes naranja y rojo plumaje que cubría mi cuerpo ahora en llamas, se torna grisáceo y negro, las cenizas van cayendo por los aires mientras cual una bola de fuego se precipita al suelo voy cayendo.
El duro golpe me causó mucho dolor, ya sin fuerzas abandonado de esperanza entrego mi ser dando mi ultima exhalación, tendido en el suelo mi cuerpo se consume en el fuego de la soledad hasta expirar el ultimo aliento de vida.
Mas sobre mis cenizas esparcidas cayó una gota de esperanza, y me encendí cual hoguera en una noche de invierno, mis alas antes color homo y noche, recobraron su color y brillo, mi corazón recobró su fuerza, mi corazón recuperó la esperanza que recorre ahora por mi ser.
Extiendo mis fuertes alas que revivido ahora cual nuevas oportunidades me remontan nuevamente a surcar los cielos, todavía puedo verte a lo lejos, aun vuelan tus rizados cabellos color noche al ritmo del viento, ya no puedo divisar tu bello rostro, solo un vago recuerdo de él vuelve a mi mente.
Remonto vuelo por los aires me dirijo a buscar nuevos horizontes, mis alas me llevan a mi nuevo norte, en busca de seguridad y vida, pues echaste de la tuya y cual renuevo de esperanza, nació en mi corazón la ilusión de amar y ser amado nuevamente.
Sumergido en el mar de tu abandono, infructuosos fueron mis desesperados movimiento de brazos y piernas, esperando propulsarme a la seguridad de tu amor, que había quedado lejano de mi alcance.
Las olas de desprecio y desidia por tu desamor golpeaban duramente mi ser, tratando de sumergirme en la desesperación y arrastrarme al oscuro abismo del dolor.
El control de mi feliz vida ahora estaba ausente, pánico y desesperación ocupaban su lugar, que me impedía salir a flote, mi mente dejo de pensar adecuadamente producto de la desesperación, el agotamiento se apoderó de mi ahora débil y vulnerable ser.
El distrés se adueño de mi, dificultándome inhalar el aire de la felicidad y paz que día con día solía respirar al sentir tu aliento en mi rostro y comencé a aspirar la salada agua del abandono y soledad, para sumergirme profundamente en la tristeza.
Inmerso ya en la desilusión me sumergía lentamente en lo profundo del mar de la desdicha, hasta casi alcanzar la profundidad de la muerte en vida, ausente de toda esperanza.
Y dé repente sentí rodear mi cuerpo helado y rígido por unos delicados pero firmes brazos, que rápidamente me sacaron a flote y me transporto hasta la seguridad de la orilla de la ilusión ya casi extinta para mi. Sentí sus suaves labios sobre los míos exhalando bocanadas de aceptación y resignación que hicieron me recuperar el aliento , sentí ceñir mi gélido cuerpo junto al suyo transmitiéndome el calor de la esperanza, devolviéndome a la vida.
Noemí, cuyo significado en hebreo (נָעֳמִי) es «dulzura», nombre que inspirado por la divina providencia le puso su santa madre a la mujer mas dulce que jamás pudo conocer mi ser.
Oh, cuanto símil es el ruego bíblico que Ruth hiciera a Noemí: «No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré», ruego que yo te hiciera hacia ya tiempo para que no te apartases de mi, mas en el caso nuestro quedo como frase estéril en un corazón ahora desértico.
Entonces cual el deshielo de la blanca nieve azotado por el sofocante calor de tu indiferencia, mis esperanzas de tenerte se fueron derritiendo ante la llama asfixiante producto de tu desamor.
Mas cual fiera herida busque cobijo en los lúgubres rincones de mi soledad, con el corazón desgarrado y el alma destrozada, te añoraba noche tras noche, y día con día rogaba al cielo tu regreso, y como si fuera indolente a mi sentir, no halle respuesta a mis suplicas aun del ser supremo.
Inerte de impotencia, gota tras gota de dolor mis esperanzas fueron abandonándome y heme aquí postrado en mi lecho a la espera del mas largo y cruel óbito.