Me enamoré del alma más noble que jamás mi ser había visto, de sus tiernas manos que acarician mi rostro.
Me enamoré de la ternura con la que trata a los seres indefensos, a las aves y cuanto animal ser acerca a ella.
Me enamoré de esa sonrisa contagiosa que cualquier apesadumbrado día se convierte en la majestuosidad del jardin paradisiaco.
Me enamore de ese hermoso rostro, que se asemeja a la belleza de las flores y los campos dorados de trigo.
