Al conocerte, tras andar errante en el inconmensurable desierto de la soledad,
al calor sofocante de la ausencia de amor,
la piel de mi corazón antes tersa, tornado habíase de quemaduras de dolor,
mis labios resecos apenas podían pronunciar suplicas al creador.
Mas cual gotas de lluvia pude sentir en mi ser tu refrescante compañía,
la tierra reseca de mi alma empezó a germinar esperanza,
un torrente de felicidad se abrió paso por los senderos de mis venas,
y mi ojos recobraron su brillo a divisar tu hermoso rostro.
Un sutil susurro hablo a mi corazón plabras de amor,
tu apacible voz, cual notas angelicales musito mi nombre,
y cual un torbellino de suave brisa fui transportado a tu presencia
llegaste a mi vida y el aroma de tu ser me devolvió la vida.
