Recuerdo las cosas bonitas que pasamos,
La hermosa noche de junio, cuando cautivado por tu belleza, viré el auto de regreso, tras avizorarte largamente por el retrovisor, para hacer de esa noche la más bella que había tenido en años, pues llegaste a mi vida.
Tu contagiosa y preciosa sonrisa al levantarte sobre los aires, cual un colibrí escarlata, con tus bellos cabellos pedernal extendidos por el aire frio del desierto de sal, ante la luminosidad del brillante sol.
El observarte escalar las montañas del pico más alto del hermoso valle que te vio nacer, para apreciar la nieve que se presenta una vez al año, y juntos hacer muñeco de nieve y disfrutar de la candidez de la nieve.
Visitar de cuando en cuando el verde lago, al que un día me presentaste y lo adopte como nuestro, y apreciarlo como si tuviera mis brazos estrechando tu cintura, apreciar el bello paisaje visto desde la rivera, nubes blancas cielo azul, sobre el cual surcan hermosas aves que migran hacia él, permitiéndonos oír su concierto de graznidos dulces y esperanzadores.
Rosar con la yema de los dedos y recorrer los surcos creados por tus pequeñas manitas, surcos que unidos forman las iníciales de nuestros nombres, con la promesa de mantenernos juntos amándonos y envejecer junto al tronco del fuerte árbol de eucalipto.
Volver al pequeño pueblo y recorrer el arroyo donde con el pantalón remangado casi hasta la rodilla, tratabas de lavar a Lucas, nuestro hermoso perro, casi un hijo, y tratar de devolverle lo blanco de su pelaje que con tanto afán lo bañaste, sorprendido y encantando oírte hablar con tanta fluidez la lengua de tus abuelos con tanta soltura que me dejo boquiabierto, que manera más dulce de hablarlo.
Recorrer con mi mente el pueblo de tus abuelos, al que solo una sola vez fui después de que me lo hicieras conocer, y recorrer sus antiguas calles e imaginarte -viendo las fotos que tengo de ti- posando con el fondo de sus calles antiguas, como pretendiendo yo pertenecer a ellas y ser parte de tus recuerdos que viviste durante tu infancia y quizá ser partícipe de las bellas historias que me narraste.
He pasado muchas veces y alguna vez sentado en la banca de aquella plazuela donde la vida nos permitió encontrar a Lucas, que ahora es parte de nuestras vidas, pero para ti tu compañero al cual amas con locura como solo tú puedes amar a los animales, el cual es más que una mascota, es quien día con día te recordará cuanto te amo.
No se disipa de mi mente la expresión de tu rostro cuando fuimos a conducir un scooter, al principio se te dificultó, pero luego te vi deslizarte con donaires con tu pelo a viento y tu dulce sonrisa se dejaba ver contagiándome tu alegría.
El admirar tu rostro angelical rebozando de inocencia que no me canso de ver en la fotografía que me compartiste cuando eras niña, y me sumerjo en los mares de la imaginación para tratar de participar de los recuerdos que me manifestaste y amarte más.
Salir de la rutina y causar mi admiración cuanto te vi con el pelo planchado, tus risos ausentes, para ver un hermoso rostro libre de las ondas que siempre están sobre tus mejillas, cuando te vi por primera vez así quede pasmado de emoción, oh, que bella eres.
Compartir tu alegría el día en que fuimos a la universidad a recoger tu título profesional por el que luchaste por mucho tiempo, fue una de las experiencias más significativas que me permitiste compartir a tu lado, aun queda en mi mente tu rostro alegre, vestida con esa blusa guinda bañada de estrellas blancas, que un día te regalara, que bella te veías.
Tus cabellos sueltos, vestida únicamente con mi polera camuflada, afanosa con que aprenda a cocinar me indicabas los ingredientes que lleva la receta y el tiempo de cocción, casi aun puedo sentir el aroma y en ocasiones al percibir el aroma de esos ingredientes doquier que esté me devuelve a ese hermoso día.
Tranquila…no voy a robar a tus cachorros te oí decir mientras que suavemente acariciabas y tomabas a uno de los dos cachorros que hallamos cerca de casa, fui nuevamente testigo del inconmensurable amor que sientes por los animales, y quedar ínfimo ante tu grandeza altruista.
