Amarga copa

Te entregado mis besos promesas de un amor eterno, añorando se prolonguen por la inmensidad del hogar eterno en los confines celestes del verdadero amor.

Descubriste en mí el poeta cuya única musa fue tu bello ser, que me hizo oír el canto angelical de las aves y musitar de las aguas de un claro arroyo.

He transformado mi imagen, por la belleza que tus lindos ojos negros querían hallar en mí, y con gusto adopte tus pretensiones.

Jamás había vertido suplicas al ser supremo que se apiadara de este ser cuya vida no hallaba significado sin tu compañía y su mundo se ensombrecía día con día si contemplar tu belleza.

En recompensa, de tus hermosas y delicadas manos recibí la amarga copa de la traición, cada sorbo del veneno de tu abandono, resquebrajaba mi débil corazón y entre sollozos y lagrimas, incontables veces pronuncie tu nombre sin hallar consuelo o tu retorno.

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