Corazón

Tienes el corazón tan grande que no cabe en el pecho -solita decirte-, más me equivoque, este mundo es muy chico para tanta de tu bondad.

Esta grabada en mi mente la escena más tierna que jamás mis ojos habrían de ver jamás, andábamos por las calles cercanas a tu casa por demás paisajes hermosos, inmensos sembradíos vestidos de verde con un cielo limpio y azul, aves surcan su espacio.

Tu mirada aguileña no tardo en percibir un kiwi, ave negra y pico curvo que ajena a su bandada se remontaba rápidamente quizá alcanzara a sus hermanas, y cual una ráfaga de viento avizoraste la escena mas cruda que te quebró el alma, le golpeó -exclamaste- le golpeó, mientras se alejaba dejando un ruido estridente una avioneta blanca.

Dando girones en el aire alcance a ver un ave negra que caía precipitadamente sobre el sembradío de avena, sin que lograra detener el auto a un costado del camino ya abriste la puerta y de un salto corrías donde ésta había caído.

Está muerta, está muerta -clamaste con tu voz entrecortada- mientras tus ojos se tornaban rojos, las lágrimas caían por tus mejillas cual arroyos buscando su cause, vanos fueron mis intentos por apaciguar tu amargo llanto, que inconsolable me rompió el corazón.

Recostado sobre tu regazo lo acariciabas suavemente y acomodabas sus alas y cabecita, le sepultaré, porque los perros se lo comerán, te oí con voz entrecortada y no paraba tu llanto mientras nos alejábamos, conduje en silencio.

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