Melancolía

Una noche fría a comienzos del invierno, pasaba yo por la ruta de siempre, absorto en mis pensamientos y sumido en mi vida llena de preocupaciones y escollos que el destino me había puesto.
Y de repente la vi pasar entre mis ojos «sola y hermosa» en esas calles casi desiertas -pensé en voz alta- y como si se tratara de un deja vu, disminuí la velocidad del coche y por unos instantes más la contemple por el retrovisor, y como si alguien me susurrara en el oído, obediente vire el coche y retorne para cerrarle el paso, le propuse acompañarla. No gracias fue su respuesta pero era tarde, había quedado cautivo por su belleza y concebido en mi corazón había el jamás para mi conocido sentimiento de amor puro.


Día a tras día pasaba yo por su casa y la esperaba bajo la sombra del árbol de sauce a quien en las horas de espera le contaba lo feliz que era a su lado, la amo tanto le decía y ella también me ama y casi podía oírle decir te entiendo y te envidio, soy yo quien te envidiaba replicaba, desearía ocupar tu lugar para estar siempre aquí para poder contemplarla cada día y esperar en las noches su retorno, sabiendo que nadie podría moverme de tan apreciado sitial.


Ha pasado mucho tiempo ella se fue, o mejor dicho dejo de amarme, otro ser anida ahora su corazón, no a pasado un día sin que oculto entre las ramas largas y frondosas y del enorme tronco del sauce que la contemplo sin poder hablarle.
Ya no la veo pero puedo sentir en mi corazón la tristeza del sauce que me acompañó en mis días de soledad y derramar lágrimas de melancolía tras el perdido amor.
Dicen que esta viejo encorvado que sus ramas se arrastran por el suelo con los impetuosos vientos y casi se escucha llorar en las oscuras y frías del invierno.

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